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Tocamos Fondo: Ante los hechos atroces que ocurren semana tras semana en contra de NNA.

Como si fuese pan de todos los días, la violencia hacia los niños, niñas y adolescentes se manifiesta claramente, con datos, evidencias y con tragedias humanas en todos los continentes, en nuestra región, en nuestro país, en todos los espacios donde se encuentran, en los centros de acogida y de detención, en las calles y comunidades, en los hospitales, en las escuelas, en los hogares, desde la institucionalidad, desde lo cotidiano. Lo novedoso es, que ya no es el “simple” abandono, no es el pellizco, el manotazo, la negligencia, el uso del niño como etiqueta política o publicitaria, ahora es tortura pura y dura.

Son actos que con fría indiferencia son intencionados y premeditados, conscientes y maliciosos, ejercidos por las personas más cercanas, por sus propios familiares, sus progenitores, por grupos organizados, por Estados.

También hay violencia institucional, al no lograr garantizar una adecuada atención, protección, desarrollo y seguridad de todas las personas menores de edad que están bajo su jurisdicción.Pese a los esfuerzos alcanzados hasta ahora, éstos no parecen ser del todo efectivos ni suficientes. Algunos Gobiernos pecan por su débil e inoportuna respuesta, otros porque su respuesta solo está planificada cuando ya se cometió el daño, la vulneración de derechos, la agresión a la dignidad, integridad e intimidad del niño, niña o adolescente. Los sistemas de justicia son lentos y la sociedad siente que no están dando la talla, al dejar libres, impunes a los y las agresores/as o al poner medidas que no parecen corresponder a la gravedad del delito cometido.

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